Pereira continúa avanzando en el proceso de demolición de las estructuras que quedaron en riesgo tras el sismo del pasado 10 de agosto. El Comité Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres aprobó la demolición de 171 infraestructuras adicionales, con lo que la ciudad busca alcanzar un total de 650 demoliciones para reducir los riesgos y proteger la vida de sus habitantes.
Detrás de estas cifras también hay historias, recuerdos y espacios que durante años hicieron parte de la cotidianidad de los pereiranos. Edificios que albergaron oficinas, negocios, lugares de estudio y puntos de encuentro que hoy desaparecen del paisaje urbano, como consecuencia de los daños estructurales ocasionados por el movimiento telúrico.
Uno de ellos es el edificio Ragazza, también conocido como Rafael Gaviria Santacoloma. En esta estructura funcionaron las oficinas de Colpensiones, además de establecimientos comerciales y espacios dedicados al estudio, convirtiéndose en un punto reconocido del centro de la ciudad.

Tras el terremoto, las evaluaciones técnicas realizadas por los ingenieros evidenciaron graves afectaciones en sus bases, por lo que se determinó la necesidad de demolerlo. Después de varios días de trabajos, la estructura fue completamente removida. Donde antes se levantaba este edificio, que durante años hizo parte de la dinámica comercial y laboral de Pereira, hoy queda el espacio vacío como testimonio de los efectos del sismo.

Otro de los inmuebles que concentra la atención de las autoridades y de la ciudadanía es el edificio Invico, cuya implosión controlada está programada para el próximo 15 de noviembre. Durante su más reciente visita a Pereira, el presidente Abelardo de la Espriella anunció que regresará a la ciudad para acompañar este procedimiento.

Con 15 pisos, Invico fue durante años un referente del crecimiento vertical de Pereira y un símbolo de inversión, vivienda y comercio. Su presencia marcó una etapa en la transformación urbana de la capital risaraldense y fue parte del entorno de quienes trabajaron, hicieron negocios o transitaron por sus alrededores.
Su próxima desaparición representa mucho más que la caída de una estructura. Es también el cierre de un capítulo en la historia urbana de la ciudad, que ahora debe adaptarse a una nueva realidad después de la emergencia.
Mientras avanzan las demoliciones, Pereira enfrenta el desafío de recuperar sus espacios y garantizar la seguridad de sus habitantes. Un proceso en el que, además de remover estructuras comprometidas, también se transforma el paisaje y se despiden lugares que durante décadas hicieron parte de la memoria colectiva de los pereiranos.





