Para Laura Victoria, estas paredes no eran simplemente parte de una vivienda. Allí crecieron tres generaciones de su familia, entre encuentros, celebraciones, dificultades y momentos que con el paso de los años se convirtieron en recuerdos que hoy permanecen intactos en su memoria.
Pero el terremoto del pasado 10 de agosto cambió para siempre la historia de esta propiedad. Lo que durante años fue un hogar hoy se encuentra reducido a paredes quebradas, techos en el suelo y escombros.
Laura había decidido luchar por conservar este lugar incluso cuando la propiedad ya no pertenecía a su familia. Para hacerlo, asumió un préstamo a través de una cooperativa a la que pertenece, con la esperanza de recuperar y mantener un patrimonio cargado de significado familiar.
Sin embargo, más de un mes después del terremoto, la incertidumbre continúa. Laura debe seguir respondiendo por el préstamo de una propiedad que hoy está en ruinas y que, según una orden ya emitida, deberá ser demolida.
Lo que no sabe es cuándo llegará el momento de la demolición. Mientras tanto, los días pasan y con ellos aumenta la angustia de ver cómo desaparece físicamente un lugar que representa buena parte de su historia.
Laura asegura que, hasta ahora, no ha recibido una respuesta concreta de las administraciones departamentales ni locales sobre su caso. Tampoco conoce la fecha en la que se ejecutará la demolición ni qué alternativas tendrá posteriormente frente a la situación que enfrenta.
Y es que detrás de estas paredes rotas hay mucho más que una estructura afectada por un terremoto. Hay fotografías, reuniones familiares, historias de tres generaciones y recuerdos de quienes alguna vez encontraron allí un lugar para compartir.
Entre esas paredes también nació y se fortaleció el amor de dos personas, una historia que con el paso de los años terminó convirtiéndose en parte del patrimonio emocional de toda una familia.
Hoy Laura observa los restos de aquella propiedad y enfrenta una difícil realidad: continuar pagando por un inmueble que ya no puede habitar y esperar una respuesta sobre qué sucederá con un lugar que, aunque físicamente está en ruinas, sigue siendo parte fundamental de su vida.
Porque para ella, perder esta casa no significa solamente perder una propiedad. Significa despedirse de un pedazo de su historia, de un espacio donde tres generaciones dejaron sus huellas y de un sueño que, durante años, se construyó entre esas paredes.





