El precio oculto de la inteligencia artificial: millones de toneladas de CO₂ y un consumo energético desbordado

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La inteligencia artificial avanza a una velocidad inédita, pero su crecimiento también empieza a dejar una factura ambiental difícil de ignorar. Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a los centros de datos podrían duplicarse en menos de cinco años, impulsadas por el aumento del uso de esta tecnología.

Estos centros, considerados la columna vertebral de la IA, consumieron en 2025 alrededor de 448 TWh de electricidad. Según las proyecciones del informe, esa cifra podría duplicarse para 2030 y, en un escenario de fuerte crecimiento, alcanzar los 945 TWh, casi el 3 % del consumo eléctrico mundial proyectado. Si los centros de datos fueran un país, su demanda energética estaría al nivel de Francia.

El estudio calcula además que la huella de carbono de esta infraestructura podría llegar en 2030 a 399 millones de toneladas de CO₂ equivalente, una cifra comparable con las emisiones totales del Reino Unido en 2025. El impacto no se limita a la electricidad: también incluye presión sobre el agua, el suelo y la extracción de minerales necesarios para sostener la cadena tecnológica.

La expansión está estrechamente vinculada al auge de la inteligencia artificial. Actualmente, cerca del 20 % de la energía utilizada por los centros de datos se atribuye a la IA, pero esa proporción podría llegar al 40 % en 2030. El entrenamiento de grandes modelos ya muestra la magnitud del desafío: GPT-3 consumió aproximadamente 1,3 GWh de electricidad en 34 días, mientras que GPT-4 habría requerido entre 50 y 70 GWh en 100 días.

Sin embargo, el mayor peso ambiental no proviene solo del entrenamiento de los modelos, sino de su uso diario. El informe estima que ChatGPT procesa unos 2.500 millones de mensajes al día. Con un cálculo conservador de consumo por mensaje, eso representaría cerca de 383 GWh de electricidad al año, además de una huella hídrica y territorial significativa.

La presión también crece por el volumen de inversiones. En 2023, la inversión mundial en inteligencia artificial alcanzó los 189.000 millones de dólares. Las proyecciones apuntan a que superará los 2,5 billones en 2026 y los 5 billones para 2033, lo que anticipa una expansión aún mayor de la infraestructura necesaria para sostener esta tecnología.

Kaveh Madani, director del Instituto Universitario de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, aclaró que el informe no busca frenar la inteligencia artificial, sino promover un uso responsable. Según señaló, el reto consiste en abordar de manera anticipada sus impactos no deseados para que la IA sea sostenible y equitativa.

El documento propone seis principios para orientar un ecosistema de IA responsable: transparencia, eficiencia desde el diseño, equidad y justicia ambiental, responsabilidad durante todo el ciclo de vida, cooperación global y uso sostenible.

Uno de los ejemplos citados por el informe es Irlanda, donde los centros de datos ya consumen el 21 % de la electricidad nacional, una proporción superior al gasto combinado de todos los hogares urbanos del país. Para los autores, este caso evidencia los riesgos de una infraestructura concentrada en ciertos territorios.

La advertencia central de la ONU es clara: el desarrollo de la inteligencia artificial no puede separarse de sus costos ambientales. Para reducirlos, el informe plantea la necesidad de una gobernanza integral de toda la cadena de valor, desde la extracción de minerales hasta el reciclaje y la eliminación segura de los equipos. La IA promete transformar el mundo, pero su futuro dependerá también de la capacidad de hacerla menos costosa para el planeta.

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